OCTUBRE

21 de octubre – 365 momentos con El


Tu problema puede ser grande, pero tu Rescatador es más grande


Hay días en que sentimos que la vida nos supera.
Las deudas, la ansiedad, los problemas familiares o las decepciones parecen tragarnos como un remolino.

Así se sentía David cuando escribió el Salmo 69: “Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello.”

Pero en medio de su desesperación, David no se rindió: clamó al Dios que rescata, al Dios que oye, al Dios que llega justo a tiempo.

Este salmo no es solo una oración de auxilio, es una promesa viva:

aunque sientas que te hundes, Dios todavía puede levantarte.

21 de octubre – 365 momentos con El.

Cuando sientas que te ahogas, recuerda quién camina sobre las aguas

21 de octubre – Un Día a la Vez: 365 Momentos con Él



Dios no te deja hundir: Él te sostiene incluso cuando no lo ves


Salmo 69: Dios, mi rescate
Hay momentos en la vida en los que sentimos que todo se nos viene encima: los problemas, las deudas, la salud, las preocupaciones…
Parece que nos estamos hundiendo poco a poco, sin fuerzas para salir.
Eso mismo sintió David cuando oró:

“Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello.
Me estoy hundiendo en una ciénaga profunda, y no tengo dónde apoyar el pie.”
(Salmo 69:1-2 )
David no estaba hablando de agua literal, sino de situaciones que lo ahogaban emocionalmente.

Y tú también quizás has sentido que la vida se volvió un pantano, que no hay base firme bajo tus pies, y que cada intento por salir te hunde más.
Pero aquí hay algo poderoso: David no se quedó callado, clamó a Dios desde su desesperación.

Y eso es exactamente lo que Dios espera de ti: que le hables, aun cuando estás cansado, confundido o sin fe.

Cuando sientes que te hundes
Los discípulos de Jesús también se sintieron así.
Una noche, en medio de una tormenta, el viento golpeaba con fuerza la barca y las olas amenazaban con hundirlos.
Gritaban, luchaban, se desesperaban… y pensaban que Jesús los había abandonado.
Pero Jesús sí estaba allí.

Solo esperó el momento perfecto para aparecer, caminando sobre las olas.
¿Por qué sobre las olas?
Porque quería enseñarles —y también a nosotros— que lo que nos asusta, Él lo domina.

Jesús está por encima de tus problemas, y si lo miras a Él en lugar de mirar la tormenta, no te hundirás.

Cuando no ves salida
Quizás hoy te sientas cansado de orar por lo mismo.
Tal vez llevas tiempo pidiéndole a Dios por un cambio, una respuesta, una sanidad, una oportunidad…
y parece que el cielo no responde.
Pero recuerda esto:
“Cuando sentimos que nos hundimos, es cuando Dios más cerca está.”
Él no se ha olvidado de ti.
No lo ves, pero te está sosteniendo por debajo del agua, evitando que te ahogues del todo.

Solo espera que le digas con fe:

“Sácame del fango, Señor. No permitas que me hunda.”
Y cuando lo haces, Él actúa.

Jesús no cambia: sigue siendo YO SOY
En medio de la tormenta, Jesús se presentó a sus discípulos diciendo:
“¡Cálmense! No tengan miedo. YO SOY.”
Él no fue solo el Dios de Moisés, ni solo el Dios de David.

Sigue siendo el mismo hoy, presente, real, poderoso.
El “YO SOY” significa que Dios es tu ayuda ahora mismo, no solo en el pasado o en el cielo.
Así que si estás pasando por un momento difícil, no te rindas.
Dios está intercediendo por ti, caminando contigo en la noche más oscura y mostrándote que no hay tormenta que Él no pueda calmar.
Él no te hunde para destruirte, sino para enseñarte a confiar mientras te rescata.

Porque cuando aprendes a mirar a Jesús, descubres que no necesitas tener el control… solo fe.

REFLEXION:

Si hoy sientes que estás a punto de rendirte, recuerda esto:

  • No estás solo.
  • Dios te ve.
  • Jesús camina sobre lo que te da miedo.

Y si tienes fe, aunque sea del tamaño de una semilla, Dios te sacará de las aguas profundas y te llevará a tierra firme.
Porque cuando Dios es tu rescatador, nada puede hundirte.

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🙏Oracion Final

Señor, cuando sienta que las aguas me ahogan y no tenga fuerzas para nadar,
recuérdame que Tú caminas sobre las olas y extiendes tu mano hacia mí.
Sácame del fango, Señor, y pon mis pies en tierra firme.
No permitas que el miedo me hunda; rescátame con tu amor.
Hoy decido confiar, aunque no vea la salida.
Amén.
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