19 de noviembre – Un Día a la Vez: 365 Momentos con Él
Tu Chaleco Puede Romperse… Pero Dios Nunca Te Suelta
SUMERGIDOS Todos hemos pasado por momentos en los que sentimos que la vida nos persigue hasta en la ducha, como en una escena de película. Situaciones donde pensamos que no hay salida, donde cada problema parece otro pasillo del laberinto de
La Historia Sin Fin. Hay días en los que estamos tan llenos de preocupaciones que sentimos que nos ahogamos como Bob Esponja… pero sin saber nadar.
La Biblia nos cuenta que alguien también se sintió así.
David escribió:
“Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan al cuello. Me hundo en el fango y no encuentro dónde apoyar mis pies. Estoy en aguas profundas y la corriente me arrastra.”Salmo 69:1-3 Y no hace falta estar en el mar para sentirse así. A veces la vida misma nos tira al agua sin flotador.
Mi historia en el marHace tiempo viajé a
Los Roques, en Venezuela, y tuve la oportunidad de hacer
snorkel. Sé nadar, pero no soy experta, así que estaba un poco nerviosa. El guía me dijo con seguridad:
— “No hay problema, yo voy detrás de ti.”
Me colocó todo el equipo de seguridad y me ató una cuerda para que no me alejara. Pero, en pleno recorrido, la cuerda se rompió, y en un instante quedé sola, en medio del mar, sin saber hacia dónde ir.
Las olas me movían, el corazón me latía rápido y sentí ese vacío profundo de no tener nada que me sostuviera. De repente apareció uno de los compañeros del grupo, nadando hacia mí. Me tomó del brazo y me preguntó:
— “Jenny, ¿estás bien?”
Yo, asustada, apenas podía responder. Solo pensé:
“Dios, ayúdame… en tus manos estoy.”Y así, en medio de la nada, entendí que incluso cuando todo lo que creemos seguro se rompe,
Dios sigue siendo nuestro verdadero sostén.
Cuando tus soportes se rompen, Dios apareceTal vez hoy estás sumergido en vicios, en culpa, en pecado que no podés dejar.
Quizá estás hundido en tus pensamientos, en deudas, en tristeza, en ansiedad.
O sentís que todo se rompe: el trabajo, la economía, la familia… como si tu chaleco emocional estuviera roto.
Pero así como yo clamé, vos también podés hacerlo.
David también lo hizo:
“Rescátame del lodo… no dejes que me hunda.”Salmo 69:14 Dios llega incluso a los lugares donde vos ya no llegás. No importa cuán profundo sea.
Le pasó a Pedro: comenzó a hundirse, pero Jesús estaba ahí para tomarlo de la mano. Si mirás a Jesús, aunque todo alrededor sea tormenta, vas a caminar sobre lo que hoy te está hundiendo.