NOVIEMBRE

10 de noviembre – 365 momentos con El


Dios sí te habla, pero ¿estás escuchando?

Vivimos rodeados de voces:
las del trabajo, las redes, los problemas, los miedos… y en medio de tanto ruido, muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué Dios no me habla?
Pero la verdad es que Dios nunca ha dejado de hablar, somos nosotros los que no hemos aprendido a escuchar.
Dios no usa altavoces, usa susurros. No grita, toca el corazón. Y solo cuando hacemos una pausa y bajamos el volumen del mundo, Su voz se vuelve clara.
Él te habla en la Biblia, en las circunstancias, en una oración sincera o en esa paz que te envuelve cuando todo parece incierto.

Escuchar a Dios no es complicado, es cuestión de detenerte… y dejar que Él te hable.

10 de noviembre – 365 momentos con El.

No es silencio… es Dios susurrando a tu corazón

10 de noviembre – Un Día a la Vez: 365 Momentos con Él



Cuando aprendes a oír a Dios, tu vida cambia para siempre



Deléitate en Dios
¿Tienes sueños que todavía no se cumplen? ¿Sientes que haces todo bien, pero aún no llega esa bendición que tanto esperas?
La Biblia tiene una clave poderosa:
“Deléitate en el Señor, y Él te concederá los deseos de tu corazón.” (Salmo 37:4 )
“Deleitarse en Dios” no es una frase religiosa, es una forma de vida.

Es disfrutar Su presencia como disfrutas un buen café por la mañana o una charla con tu mejor amigo.

Es tener el corazón tan conectado a Él, que te llena de paz solo pensar en Su amor.
Cuando te deleitas en Dios, no necesitas que todo esté perfecto para sentirte bien.
Tu alegría ya no depende de si tienes dinero, pareja o éxito, sino de saber que Dios está contigo, que te escucha y te guía.
Y esa conexión produce algo maravilloso: satisfacción. Te sientes completo.
Pero cuidado con otros “deleites”Hay placeres que parecen buenos, pero en el fondo te vacían.
Por ejemplo:
deleitarte en tener la razón, en hablar mal de alguien, en compararte, en ver caer al que te falló…
O simplemente, vivir tan lleno de orgullo, rencor o autosuficiencia que ya no te queda espacio para Dios.
Es como llegar al banquete que Dios preparó para ti… pero con el estómago lleno de comida chatarra espiritual.

Él tiene un banquete de paz, propósito y amor, pero no puedes disfrutarlo si ya estás satisfecho con lo que el mundo te ofrece.

Hoy Dios te invita a cambiar de mesa.
A dejar el sótano del resentimiento y subir al penthouse del deleite celestial.
“Entonces te deleitarás en el Todopoderoso, y levantarás tu mirada a Dios.” (Job 22:26 )
Levanta la mirada
Caminar mirando al suelo es vivir como si Dios se hubiera olvidado de ti.
Pero cuando levantas la mirada, recuerdas que tienes un Padre que cumple promesas, que no llega tarde y que nunca deja a los suyos.
Cuéntale tus planes, tus miedos, tus anhelos… y déjalo sorprenderte.
Porque cuando tú te deleitas en Él, Él se deleita en ti.

“El Señor tu Dios está en medio de ti, Él se goza por ti con cantos de alegría.” (Sofonías 3:17 )
Imagina por un momento al mismo Dios sonriendo cuando tú te levantas y lo saludas, cuando cantas en la ducha, cuando hablas con Él en medio del tráfico o cuando decides perdonar en lugar de pelear.
Sí, en esos momentos, Dios sonríe y dice:
“Ese es mi hijo, esa es mi hija… el deleite de mi corazón.”
Deleitarte en Dios no se trata de hablar mucho, sino de aprender a escucharlo.
A veces basta con quedarte en silencio, cerrar los ojos y pensar en Él.
En ese instante, los cielos se abren… y Dios se acerca para encontrarse contigo.
Porque cuando te deleitas en Él, no solo tus deseos cambian —tu vida también.

Cómo aprender a escuchar a Dios:

Escuchar a Dios no es algo místico ni reservado para unos pocos.
Dios siempre habla, pero muchas veces no lo oímos porque estamos rodeados de ruido: preocupaciones, ansiedad, redes, o simplemente porque no hacemos silencio interior.
Dios no grita, susurra al corazón, y solo quien se detiene a escuchar puede oírlo.
Por eso, para aprender a escuchar a Dios, necesitamos cinco pasos sencillos pero profundos:

1. Haz silencio
Dios habla en la calma, no en el caos.
Antes de buscar respuestas, respira, guarda silencio, deja de discutir con tus pensamientos.
Ahí comienza el diálogo con Él.
Así como Elías encontró a Dios en un “suave murmullo” (1 Reyes 19:12), tú también lo hallarás en la quietud.

2. Lee la Biblia con el corazón
La Biblia es la voz de Dios por escrito.
No la leas por costumbre, sino como si Él te hablara directamente.
Un solo versículo puede ser la respuesta que estabas buscando.
Si al leer algo sientes paz o convicción, es Dios hablándote.

3. Observa tus circunstancias
Dios también habla a través de lo que sucede.
Una puerta que se cierra, una oportunidad inesperada, una conversación o una frase que se repite pueden ser Su forma de guiarte.
Nada es coincidencia cuando aprendes a mirar con fe.

4. Ora para escuchar, no solo para hablar
Orar no es presentar una lista de pedidos, es una conversación.
Después de orar, quédate en silencio.
Esa idea que surge en calma o esa certeza que sientes en el corazón, muchas veces es Su respuesta.

5. Sigue la paz
Dios nunca guía con confusión ni con miedo.
Su voz siempre trae paz, aunque el camino no sea fácil.
Si sientes intranquilidad, detente; si sientes paz, avanza.
Como dice Jesús: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen.” (Juan 10:27)

Dios te habla cuando decides:
  • Silenciar el ruido.
  • Escuchar Su Palabra.
  • Leer las señales de tu vida.
  • Orar con el corazón abierto.
  • Y seguir la paz que Él pone dentro de ti.
  • “Dios no ha dejado de hablar, solo espera que te detengas a escucharlo.”

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🙏Oracion Final

Señor, enséñame a hacer silencio en mi mente y en mi corazón.
Que pueda reconocer tu voz entre tantas voces, y sentir tu paz cuando me hablas.
Apaga en mí el ruido del miedo, del orgullo y de la duda.
Háblame en lo sencillo, en lo diario, en lo pequeño… y dame un corazón dispuesto a obedecerte.
Quiero oírte, Señor. No solo con mis oídos, sino con el alma.
Amén.
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