NOVIEMBRE

09 de noviembre – 365 momentos con El


Cuando Dios sonríe: cómo vivir de una forma que alegra el corazón de Dios

Muchos imaginan a Dios serio, distante o molesto por nuestros errores.
Pero esa no es la imagen del Padre que muestra la Biblia.
Dios no es un juez esperando castigarte, sino un Padre que sonríe cuando te ve intentar hacerlo bien, aunque tropieces.
El cielo no es un lugar triste ni silencioso; es el lugar donde la alegría nunca termina.
Y sí, aunque suene increíble, Dios también sonríe — y esa sonrisa aparece cada vez que decides confiar, obedecer o levantar tus manos en agradecimiento.
En este mensaje aprenderás qué cosas hacen sonreír a Dios… y cómo vivir de una forma que llene de alegría su corazón y también el tuyo.

Porque cuando Dios sonríe, todo en tu vida comienza a brillar diferente.

09 de noviembre – 365 momentos con El.

Dios no está molesto contigo… está esperando sonreírte otra vez

09 de noviembre – Un Día a la Vez: 365 Momentos con Él



No es religión, es relación: la sonrisa que Dios tiene reservada para ti



La Sonrisa de Dios
Salmo 119:135
“Haz brillar tu rostro sobre tu siervo; enséñame tus decretos.”
(O, como lo dice una versión más actual: “Sonríe sobre mí como tu siervo; enséñame tu camino para vivir.”)
A veces, tenemos una imagen equivocada de Dios.
Pensamos que es un anciano con barba blanca, sentado en una nube, cansado, gruñón y con un bastón en la mano esperando que nos equivoquemos para castigarnos.
Otros creen que siempre está serio, molesto o decepcionado del mundo.
Pero la verdad es otra.

Dios no está molesto contigo.
Dios es un Padre bueno, lleno de misericordia, paciencia y amor.
Y sí, aunque suene extraño… ¡Dios también sonríe!
El cielo no es un lugar gris ni aburrido; es el lugar donde la alegría nunca se apaga, donde las risas y el gozo llenan cada rincón.
Si el Señor sonríe, ¿no te gustaría vivir de tal manera que esa sonrisa se dirija hacia ti?
Entonces… ¿qué hace sonreír a Dios?

1. Dios sonríe cuando lo obedecemos de corazón
Salmo 40:6-8
“A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas… me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí.”
A veces creemos que agradar a Dios es hacer grandes sacrificios: subir cerros de rodillas, hacer largas promesas o cargar culpas eternas.
Pero a Dios no le impresiona lo grande del sacrificio, sino la sinceridad del corazón.
Obedecer a Dios no es hacerlo por miedo, sino porque confiamos en Él, porque creemos que su camino es mejor que el nuestro.
Piensa en Noé.
Dios le pidió construir un arca… ¡en medio del desierto! Sin mar, sin lluvia, y con más de 600 años encima.
¿Y qué hizo Noé? Obedeció sin protestar. No pidió señales, ni excusas, ni garantías. Solo confió.
A veces nosotros queremos obedecer, pero decimos:
“Voy a orar primero…”, “esperaré una señal”, “si mañana llueve, entonces sí”.
Y la verdad es que, muchas veces, cuando tardamos en obedecer, ya estamos desobedeciendo.
Jesús fue claro:
“Si me aman, obedecerán mis mandamientos.”

2. Dios sonríe cuando confiamos completamente en Él
Hebreos 11:6
“Sin fe es imposible agradar a Dios…”
A Dios le encanta cuando confías en Él, incluso cuando no entiendes lo que pasa.
La fe no se demuestra cuando todo va bien, sino cuando todo parece salir mal y aun así decides creer.
Cuando eliges confiar, aunque los números no cuadren, aunque el diagnóstico no sea el mejor, aunque la puerta se cierre… ahí es cuando Dios sonríe y dice: “Ese hijo mío cree en mí, aunque no lo vea.”

3. Dios sonríe cuando lo alabamos
Salmo 51:17-19
“El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado…”
La alabanza no es solo cantar en la iglesia. Es decirle a Dios: “Gracias” incluso en los días difíciles.
Es sonreírle al cielo cuando tienes lágrimas en los ojos.
David lo entendió mejor que nadie: la adoración no depende de cómo te sientes, sino de quién es Dios.
Cuando lo alabas, Dios sonríe… y tu corazón también se llena de alegría.

4. Dios sonríe cuando vivimos en santidad
Vivir en santidad no es ser perfecto, sino decidir cada día apartarte de lo que sabes que no te hace bien.
Es elegir lo correcto, aunque nadie te vea.
Una vida limpia y sincera no solo agrada a Dios, también te trae paz y propósito.
Porque la santidad no solo le saca una sonrisa a Dios… te devuelve la tuya.

Reflexión:


Tal vez no te imaginas a Dios sonriendo por ti, pero cuando decides obedecer, confiar, alabar y vivir con integridad… sí lo hace.
Dios sonríe cuando ve que sigues intentando, que sigues creyendo, que sigues levantándote.
  • Y cuando el cielo sonríe… algo cambia también en la tierra.

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Dios sonríe cuando te ve seguir adelante, incluso cuando la vida te dio razones para rendirte.
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