NOVIEMBRE

04 de noviembre – 365 momentos con El


Jesús sigue llamando… pero la puerta no se abre sola

¿Alguna vez sentiste que tu vida está llena de cosas, pero vacía por dentro?
Muchos creemos en Dios, hablamos de Él, lo mencionamos… pero sin darnos cuenta lo hemos dejado fuera de nuestra vida diaria. Jesús no dejó de amarte, ni de buscarte, ni de hablarte —simplemente quedó del otro lado de la puerta, esperando que vuelvas a abrirle.

Este mensaje no es para los que nunca conocieron a Dios, sino para los que lo conocen… pero hoy lo tienen afuera.

04 de noviembre – 365 momentos con El.

¿Quién está tocando tu corazón: Jesús o algo más?

04 de noviembre – Un Día a la Vez: 365 Momentos con Él



La puerta que cambió vidas enteras… y puede cambiar la tuya hoy


LA PUERTA QUE JESÚS ESTÁ TOCANDO… ¿LA ABRIRÁS?

Apocalipsis 3:20
“¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, entraré y cenaremos juntos como amigos.”
Muchos hemos escuchado este versículo como si fuera para personas que no conocen a Dios.
Pero en realidad, en este pasaje Dios le está hablando a los creyentes, a los que ya conocen la Biblia, a los que asisten a la iglesia, a los que un día caminaron con Él… pero hoy lo tienen afuera.
La iglesia de Laodicea (Laodicea es una de las siete iglesias mencionadas en el libro de Apocalipsis, específicamente en Apocalipsis 3:14-22. No se refiere a una iglesia actual, sino a una iglesia histórica que existió en la ciudad de Laodicea, ubicada en la región de Asia Menor (lo que hoy sería parte de Turquía), era rica, exitosa, autosuficiente… pero estaba vacía de la presencia de Dios. Tenían todo, menos lo único que realmente importa: a Jesús adentro.
Y la verdad es que eso también nos pasa hoy.
Un día Jesús era el centro de nuestra vida, pero sin darnos cuenta lo fuimos desplazando. Le abrimos la puerta a otras cosas:
  • al trabajo
  • al orgullo
  • a la rutina
  • al entretenimiento
  • a la preocupación
  • a la autosuficiencia
Y el que quedó afuera fue Él.

La pregunta no es si conoces a Jesús… sino si todavía lo tienes adentro.
¿En qué momento lo sacamos?
¿En qué momento dejamos de escucharlo?
¿En qué momento dejamos de sentarnos a “cenar” con Él —es decir, tener intimidad, conversación, cercanía?

JESÚS SIGUE TOCANDO PUERTAS HOY
Jesús no solo toca la puerta de los templos.
Toca puertas en hospitales, en casas vacías, en cantinas, en cuartos con lágrimas escondidas, en mentes llenas de ansiedad, en personas que sonríen por fuera pero se rompen por dentro.
Jesús llama a la puerta del corazón del adicto, del depresivo, del orgulloso, del religioso, del que se siente indigno, del que ya no tiene fuerzas.

Él sigue llamando.
Pero no forza la entrada.
Él espera.

Y mientras tanto, otras puertas también tocan:
la del pecado, la del ego, la del placer rápido, la del miedo, la del “yo puedo solo”.
Por eso Dios advirtió:

“...el pecado está a la puerta, al acecho” (Génesis 4:7)

Todos tenemos una puerta que abrir.

La pregunta no es si alguien está llamando, sino a quién le vamos a abrir.

JESÚS NO LLEGA PARA JUZGARTE, SINO PARA LIBRARTE
Cuando Jesús entra a una vida, no entra a señalar lo malo, sino a sanar lo roto, a perdonar lo que pesa, a limpiar lo que duele.
Donde entra Él, el pasado ya no domina, la culpa pierde poder y la condenación se disuelve.

“Él arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados.” (Miqueas 7:19)
Lo único que te pide es una puerta abierta:
La puerta del arrepentimiento.
La puerta de la sinceridad.
La puerta del “Señor, ya no quiero vivir sin Ti”.


¿QUÉ PUERTA NECESITAS ABRIR HOY?

  • La del perdón
  • La de volver a orar
  • La de dejar un pecado oculto
  • La de soltar el orgullo espiritual
  • La de volver a buscar a Dios con todo el corazón
Salmo 118:20
“Estas puertas conducen a la presencia del Señor, y los justos entran por ellas.”
La decisión es personal.
Jesús no derriba puertas.
Solo toca.
Solo espera.
Solo llama.
  • La última palabra la tienes tú.

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🙏Oracion Final

Señor Jesús, hoy escucho tu llamado y no quiero seguir con la puerta cerrada.
Entra a mi vida de nuevo, ocupa el lugar que te pertenece, limpia lo que estorba y restaura lo que se ha roto.
Perdóname si te reemplacé con cosas, personas, temores o prioridades equivocadas.
Hoy decido abrirte de par en par y decirte:
Quédate. Habla. Sana. Transforma.
Mi corazón es tu casa. Amén.
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